Germán Ferrer y sus 6 millones de razones para atacar al chavismo


Augusto Márquez

Era de intuirse. El salto al vacío del mal llamado “chavismo crítico”, nombre que además fue otorgado por los grandes medios de la oposición a conveniencia y beneficio, olía mal desde el principio.

Luce sospechoso no sólo que te nombren “chavismo crítico”. Algo así como un chavismo que es “menos malo” que el de Diosdado o Maduro, pues según esa lógica con Diosdado y Maduro no se puede hablar ni negociar, a diferencia de Rodríguez Torres, Germán Ferrer y su mujer Luisa Ortega Díaz, Gabriela Ramírez o Nícmer Evans.

Aunque tampoco, en el caso de Maduro y Diosdado es que el interés sea hablar y negociar, ya que de ser así no tendría sentido la guarimba y la campaña internacional para derrocar al Gobierno, negando cualquier vía de diálogo.

Al parecer ese “chavismo” es crítico en tanto y en cuanto le come línea, se queda callado y agacha la cabeza a todo lo que diga la oposición contra Maduro. Porque esa gente sí es educada, civilizada, piensa como clase media-alta, y como buen escuálido también comparte la opinión de que el pueblo trabajador no puede hacerse cargo (por bruto e ignorante seguramente) de su país con una Constituyente, por lo que debe entregarle esa tarea a las transnacionales con ellos en la gerencia media.

Y allí la fantasía es también la mejor medición de su propia desgracia: las transnacionales sentirían asco de colocar a un Nícmer o a un Germán Ferrer a administrar sus negocios aquí en un eventual gobierno escuálido. Asúmanlo: sus cuadros son tipos como Freddy Guevara o Juan Andrés Mejía, bien hablados, con estudios o diplomados en el extranjero, que lucen bien en la portada de una revista. Pero tampoco es que les importe bajarse de esa nube y que la realidad los siente de culo si lograron llenarse los bolsillos de algunos cobres, manquesea.

Valga el recordatorio en este momento: mantener el silencio cuando gente identificada con el chavismo es asesinada y quemada por guarimberos financiados por la MUD, o cuando Estados Unidos promete una invasión, o cuando el poder económico nacional e internacional amparado en Dólar Today asfixia los bolsillos del pueblo trabajador para beneficiar electoralmente a los políticos opositores, no es de chavistas.

Sin esas posturas firmes contra los poderosos (de afuera y de aquí mismo) que desde 1998 intentan desalojarnos del poder a fuerza de golpe, guarimbas y amenazas de guerra, usted es escuálido y ya, por más que Chávez le haya dado un cargo, Maduro lo haya mantenido, o porque tenga alguna historia o charla que contar con El Comandante con los qué cobrar políticamente por “el legado”.

Y quizás el elemento que le permite facturar con “el legado” es la pureza administrativa que dicen representar, la lejanía con las prácticas corruptas y mafiosas de la cual acusan al chavismo.

Diosdado Cabello informó que se iniciarían averiguaciones sobre una extensa red de corrupción y extorsión dentro del Ministerio Público de la ex fiscal Luisa Ortega Díaz, integrada por varias cuentas en el extranjero abiertas por fiscales que colocan a Germán Ferrer a la cabeza.

Según Diosdado, aproximadamente (quizás más de) 6 millones de dólares tiene Ferrer en bancos extranjeros (en Bahamas, según la información), donde se concentraba lo cobrado por la extorsión a empresarios por parte del Ministerio Público.

Entonces ese salto para nada crítico y para nada inocente del antichavismo no tenía de fondo una preocupación genuina por el proceso revolucionario, o por las fallas políticas que en distintos niveles se podrían estar cometiendo, y aunque así fuera es ilógico planteárselo a un carajo que quiere acabar con el chavismo como Freddy Guevara.

Lo que tenía de fondo, en cambio, era la necesidad de mantener operativo y en expansión una especie de cártel, ya que cuando cayera el Gobierno (así lo creían, en serio) y el antichavismo mantuviera en el cargo a Luisa Ortega por los favores recibidos, se abrirían todas las alamedas del chantaje y la extorsión judicial para hacerse (más) ricos.

Sin embargo, este cártel en específico no tiene a la droga como principal producto de venta (quizás las averiguaciones digan lo contrario), sino el chantaje de ser “imputado por corrupción o no”. En esencia es lo mismo pero siempre con el escudo de “la defensa del legado y la Constitución”, que la Revolución retorne a su cauce democrático y que Maduro salga por el bien del chavismo.

Esa red de extorsión según los constituyentistas que la denunciaron chantajeaba con imputaciones a empresas con participación irregular en la Faja Petrolífera del Orinoco. Sin lugar a dudas un negocio mucho más jugoso que el de las drogas, aunque hasta ahora no se niega que este cártel judicial se dedique a eso también.

Detrás de la imparcialidad del Ministerio Público y de la celebración de la oposición por su apoyo en las guarimbas, estaba justamente esta trama oscura.

Ya de por sí las frases de Germán Ferrer y Luisa Ortega en contra del chavismo sonaban sospechosas, porque nadie se despierta de la cama opinando políticamente distinto por una epifanía, sino porque hay algo que perder (seguramente plata) o algo que ganar (seguramente plata).

Ante esta acusación en la que constan denuncias originales, parece definir la verdadera cualidad de ese nuevo espécimen escuálido: personajes involucrados en tramas y negocios oscuros que apoyan a la oposición a modo de salvoconducto para sus propósitos personales.

Pero como el Gobierno no cayó y tienen que enfrentar la justicia, ahí estará Foro Penal y otras ONGs de violación de derechos humanos para declararlos “perseguidos políticos” y cobrarles una comisión para defenderlos o esconderlos, para promocionar su figura en la ONU o la CIDH como “otra víctima del rrrrégimen”.

Germán Ferrer tenía 6 millones de razones (traducidas en dólares) para atacar con virulencia al chavismo e intentar montar junto a su esposa una dizque “transición”, entre dos supuestos polos enfrentados ideológicamente, pero unidos por la misma conducta mafiosa. Vía Panamá, quizás Mike Pence se lleve en la maleta a Germán Ferrer directo a EEUU, ahí donde los corruptos venezolanos encuentran prosperidad y se consagran como héroes.

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