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Entrevista a Piedad Córdoba: América vive tiempos de unidad Por: Todos Adentro (Iván Padilla Bravo |
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Escrito por josé Sánchez
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miércoles, 30 de julio de 2008 |
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 29 de julio 2008. - Jovial, despierta, dicharachera, convencida de que no es momento para el descanso, la senadora colombiana Piedad Córdova visitó Venezuela una vez más para solicitar solidaridad a nuestro pueblo
¿Cómo ve la situación política en Colombia en este momento? —Pienso que es una situación compleja que no se puede deslindar del hecho o del pacto que haya tenido la operación “de rescate”, entre comillas, de los soldados y policías junto con Ingrid Betancourt y los tres norteamericanos. Tal vez ese impacto, mediático para unos, humanitario supuestamente para otros, sirve muchísimo para tapar la inmensa crisis política que vive el país. Creo que (la crisis de hoy) no se puede ni siquiera comparar con (la desatada por) el asesinato de Gaitán en el año de 1948, ni con la crisis que se desprendió del asesinato de los obreros en la masacre de las bananeras en 1929. Porque lo que hay ahora es una crisis de una tal profundidad, que creo que lo que se ha arrodillado totalmente en el país es la ética, supuestamente por combatir el terrorismo. Sabrán ellos qué significa porque los demás no lo podían entender, se justifica en todos los medios, inclusive una opinión pública analfabeta mediáticamente que no opina, no critica, no cuestiona, y que supuestamente se parapetan la idea de que las FARC son las responsables de todos los males en el país. Es como cuando mataron a Pablo Escobar, que se dieron cuenta de que los problemas eran otros y no que todo lo que pasaba era responsabilidad de él. Igual está pasando con las FARC, y el país no se ha dado cuenta de lo que significa tener más de 50 congresistas en la cárcel y casi 100 congresistas investigados por el maridaje entre el paramilitarismo y la clase política como un proyecto político total, e igualmente ver cómo se logró la reforma constitucional que permitió la reelección del Presidente de la República, y cómo hay también dos congresistas en la cárcel, uno condenado, y la posibilidad también de que dos ministros vayan a la cárcel. Esto, con una crisis económica violenta, los peores indicadores de desempleo, de pobreza, de miseria, una entrega total de los bienes y de los recursos del país. Mientras hay un debate en el mundo, entre otros promovidos por Venezuela, sobre la soberanía alimentaria, sobre los biocombustibles, el presidente Álvaro Uribe acaba de anunciar como una gran cosa, una política total de biocombustibles en el país y unas condiciones como nunca favorables a las multinacionales para repartirse los recursos naturales de Colombia. Creo que éste es un cuadro muy desolador, muy preocupante, que es muy difícil de avizorar en la medida en que mediáticamente se utiliza absolutamente todo para tapar la crisis, para ocultarle al mundo que es un presidente reelegido y apoyado por el paramilitarismo y que cumple fielmente las doctrinas del Gobierno norteamericano, pero que además de eso se apoya en esa estrategia mediática para ocultar realmente lo que está pasando en Colombia. —¿Usted cree que la agudización de la crisis de Colombia puede estar relacionada con el interés del Gobierno estadounidense por descabezar el líderazgo revolucionario que representa el Gobierno de Chávez en la región? —Creo que sí. Y la manera abrupta como Uribe toma la decisión de sacar al presidente Chávez de todo este proceso (humanitario de rescate de los rehenes en manos de las FARC), obedece al mismo interés de descabezar a Venezuela de todos estos procesos de transformación y de cambio. O sea, yo creo que nadie, ninguna figura latinoamericana, ni de la literatura, ni de las artes, y mucho menos política, había tenido una impronta tan fuerte como la de Chávez, y esto es indiscutible, primero porque empezamos a conocer nuestra historia, a conocer nuestros propios héroes, segundo porque eso animó liderazgos en otras regiones para que surgieran presidentes como Evo Morales en Bolivia. Además, su liderazgo envalentona muchos procesos sociales en Colombia, a pesar de que muchos dirigentes de la izquierda no quieran acercarse a Chávez o quieran parecerse a cualquier otro menos a él. Y lo que estamos planteando no es simplemente trasladar una revolución de un país a otro, sino que los elementos que configuran cuadros de miseria, de pobreza, de explotación, de desigualdad, tienen que ser atacados duramente con propuestas de esta naturaleza: latinoamericanistas, propuestas que nos devuelvan a lo de Augusto César Sandino con la Revolución Latinoamericana. Y, obviamente, la posibilidad de un proceso para acabar con el secuestro, tal como se venía trabajando para plantearles a las FARC una agenda política. Pero a pesar del interés por descabezar a Chávez, hay cosas que son imparables. Yo diría que hay una movilización oculta, invisible por el temor, por el miedo, por las amenazas. Y, en gran medida, se le debe a esa figura tan grande y tan fuerte como la de Chávez en América Latina. Crisis política —¿La salida de esta crisis es militar o es política? —No. Militar no es. Yo creo que vale la pena mencionar algunas cifras, porque las cifras dan cuenta del impacto de la decisión política de un Gobierno y también del desangre de un país como el nuestro. Colombia tiene casi 500 mil hombres en las Fuerzas Armadas, el doble de lo que tiene Brasil, que es un país más grande que Colombia en población, inclusive mucho más grande que el mismo ejército norteamericano. Colombia dedica el 6,5 por ciento del presupuesto nacional a la guerra. Son 22 mil millones de dólares al año invertidos en la guerra, 22 mil millones de millones de pesos, porque son 22 billones de dólares. Entonces la guerra no se ha ganado, el hecho de que maten a dirigentes sociales, a defensores de derechos humanos, desaparezcan sindicalistas y hayan dado este golpe a lo que era el proceso de acuerdo humanitario, independientemente de la entrega de muchas personas, no significa que estén ganando. La salida tiene que ser política y negociada porque hay que entender que las FARC no son la causa del problema, son la consecuencia de la desigualdad, de la exclusión, de la concentración de las riquezas, del incumplimiento de los pactos sociales que se han hecho supuestamente para hacer procesos de paz. Y en la medida en que esto no se tenga claro, creo que cada vez más nos acercamos al abismo. Puede el Presidente de la República asesinar a todo el Secretariado de las FARC y asesinar todo el Comando Central del ELN, pero eso no significa que va a haber paz en Colombia. El hecho del rescate de Ingrid y de todos los demás no significa que desapareció el conflicto interno colombiano, está ahí, porque además tiene elementos exclusivos como el narcotráfico, el Plan Patriota y el Plan Colombia; tiene elementos exclusivos como la doctrina antiterrorista de Bush después del 11 de septiembre. Entonces primero lo que creo yo es que la salida es política y negociada. Segundo, que el conflicto colombiano ya no es colombiano, es un conflicto transnacional porque afecta a Venezuela, Ecuador, Perú, Brasil, y los afecta en circunstancias supremamente delicadas. La exportación del paramilitarismo para desestabilizar los gobiernos de la región. Por ejemplo, el paramilitarismo se fue a Bolivia, a Santa Cruz, a buscar la manera de tumbar a Evo Morales, y esas son las transnacionales del crimen organizado al servicio de gobiernos de ultraderecha y de gobiernos que además de no respetar la soberanía de los pueblos, no tienen ningún interés en garantizarle a la gente que viva como seres humanos. El conflicto colombiano desestabiliza la región, y en ese mismo orden de ideas creo que los gobiernos democráticos de América Latina encabezados por el Presidente Chávez tienen la obligación ética y moral de no dejarlos solos, de no dejarnos a nuestra suerte, de asumir el compromiso de ayudarlos a conformar un grupo de países que peleen por la solución política y negociada del conflicto y que entiendan que las FARC son una guerrilla político-militar. —¿Usted cree que en Colombia hay condiciones para la unión de la izquierda y que sea acogida, incluso, por las FARC? —Pienso que sí. Pienso que una de las primeras cosas que tenemos que entender, es que toda esta situación mediática es parte de una gran estrategia de la derecha, y se apoya además en el analfabetismo más grande del siglo y es el analfabetismo mediático por lo que la gente no tiene posibilidades de tener opinión, de saber la verdad, de acercarse a la información y de lo que se denomina el ataque a la razón que se fundamenta en el miedo, en el terror, en la incapacidad de la gente para moverse en opinión. Entonces yo creo que en la medida en que uno tenga claro que todo esto es una estrategia de arrinconamiento para impedir precisamente que puedan haber unas elecciones totalmente libres donde haya un juego real para la oposición, pues pienso que para la izquierda colombiana, tenemos que entender la necesidad en estos momentos de organizarnos, de permanecer en la lucha, de tener claros los ideales, de recuperar algo que es muy importante para Colombia: la posibilidad de soñar. Pienso que a Colombia hay que recuperarle la posibilidad de tener sueños, de soñar un país distinto, de pensar. Además, que hay que darle voz a los que no la tienen, y a los que permanentemente se manifiestan de otras maneras porque no pueden ser oídos. Hasta ahora lo único que se puede oír en Colombia son los fusiles y el traqueteo de las ametralladoras, pero no se puede oír la voz disidente o una voz de un campesino que se levanta para decir que no puede vivir. Colombia lo que no puede es seguir perdiendo la esperanza de que podamos vivir en paz, de que seamos seres humanos y yo creo que eso hay que recuperarlo. Liderazgo de esperanza —En esta coyuntura, ¿Piedad puede ser parte de esa esperanza para encabezar una propuesta de transformación en un liderazgo que convoque a elecciones? —Sí. Una de mis tareas, como ser humano, es precisamente la de la esperanza, la de los sueños. Si Martin Luther King decía “yo tengo un sueño”, “I have a dream”, yo creo que en Colombia hay que decir: tenemos una esperanza. Y más que pensar en una actitud yoísta o en una candidatura, quiero formar parte de todo un proceso que combine muchas estrategias, que le de fortaleza a la gente para estar ahí, para luchar, para soñar. Yo creo que nos podemos unir, independientemente de diferencias. Tiene que haber una plataforma de mínimos, porque no puede ser posible que nosotros seamos indiferentes al desaparecimiento, al desplazamiento en Colombia que tiene cuatro millones de colombianos desplazados por todo el país, a las ejecuciones extrajudiciales que llegan a cinco mil, al asesinato de dirigentes sindicales que van en 2.500 y llevamos casi 200 este año. Es terrible, el mismo día que aparecía Ingrid desaparecía Ricardo Vargas, un dirigente sindical que fue sacado de su casa y lo encontraron muerto hace ocho días. Son islas de la muerte. Nosotros como seres humanos sensibles que nos reivindicamos como socialistas es a partir de ahí, creo que hay que enfrentar muchas amenazas, muchas estigmatizaciones, pero creo que más importante es escribir la historia, y en la medida en que seamos capaces de enfrentar el miedo, el terror y hacer sucesos que conduzcan a la gente, en esa misma medida seremos capaces de equipararlos con el resto del continente por donde soplan vientos de democracia y de igualdad. “Creo que (la crisis de hoy) no se puede ni siquiera comparar con (la desatada por) el asesinato de Gaitán en el año de 1948, ni con la crisis que se desprendió del asesinato de los obreros en la masacre de las bananeras en 1929“
Todos Adentro (Iván Padilla Bravo) - www.aporrea.org 30/07/08 - www.aporrea.org/actualidad/n117866.html |
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